En Suramericana, hemos entendido que observar el entorno es el punto de partida necesario para lograr nuestro propósito de ser gestores de tendencias y riesgos. Esa capacidad de observar y anticiparnos es necesaria si queremos ser sostenibles, adaptarnos y crecer en un entorno en el que la única constante es el cambio. Esta afirmación se ha hecho evidente, especialmente, durante los últimos días en los que, sin duda, el mundo se encuentra al frente de uno de sus más importantes desafíos de los tiempos modernos.

En menos de tres meses una noticia que inicialmente parecía lejana, referida al brote de un virus desconocido en una plaza de mercado en la ciudad China de Wuhan, se convirtió casi en el único tema del que se habla en el planeta entero. El nivel de contagio es abrumador y las cifras oficiales hablan de cientos de miles de casos confirmados en cientos de países, dejando a su rastro miles de muertos . Si bien los expertos coinciden en el hecho de que se trata de una enfermedad que no representa peligro para un alto porcentaje de la población , la velocidad con que se contagia, sumada al hecho de tratarse de un virus desconocido, respecto al que nadie tenía inmunidad, ha hecho evidente la insuficiencia de los sistemas y los recursos de salud alrededor del mundo y es hoy la principal preocupación en todos los países en los que la pandemia se encuentra apenas en una fase inicial.

Con frecuencia han circulado artículos y mensajes en las redes sociales y los medios de comunicación, en los cuales se afirma que el mundo no volverá a ser el mismo después del coronavirus y aunque puede ser muy pronto para llegar a alguna conclusión sobre cómo será ese nuevo mundo, lo cierto es que esta emergencia ha puesto sobre la mesa algunos cuestionamientos profundos sobre nuestra forma de vida y sobre a que le hemos dado valor, generando nuevas conversaciones y llevando a priorizar, al menos desde la urgencia, asuntos que no necesariamente ocupaban los primeros lugares en las listas de prioridades de las personas y en las agendas de los Estados.

Cuando todo esto haya terminado y la vida de los seres humanos retorne lentamente a la normalidad, será inevitable que la humanidad se pregunte que lecciones y aprendizajes quedan de todo esto y como encararemos un futuro con nuevas incertidumbres y con un panorama económico diferente. Seguramente alguna reflexión cabrá sobre aquello a lo que le debemos dar valor y que es realmente urgente e importante. Esta pandemia está esbozando una nueva realidad en muchos aspectos, a la cual sin lugar a duda la regulación tendrá que adaptarse, definiendo y aclarando muchos de los caminos que se van a transitar.

Hemos mencionado en otras oportunidades que la regulación persigue realidades sociales. Esto sí que se ha hecho evidente cuando, durante los últimos días y ante la crisis sanitaria que afronta el planeta, los gobiernos han reaccionado a partir de medidas de distinto nivel y profundidad, tendientes a mitigar o controlar la propagación de la epidemia. Es claro que el contexto regulatorio en el mundo en general, y en cada uno de los países en los cuales Suramericana tiene presencia, estaba preparado para situaciones ordinarias pero, de ninguna manera, para afrontar la situación actual.

Hoy es aún más claro que la regulación resuelve principalmente aquellos asuntos que requieren una participación del Estado en el contexto de la cotidianidad. Las normas de seguridad social, laborales, tributarias, contractuales, privacidad, societarias y comerciales, entre muchas otras, han demostrado ser insuficientes ante el panorama al que nos enfrentamos lo cual ha dado lugar a que los gobiernos deban promulgar una gran cantidad de medidas para atender el contexto actual.

Ahora bien, es importante tener en cuenta que afirmar que la regulación se ocupa de contextos ordinarios no implica una crítica. Como hemos dicho antes, el derecho sigue realidades sociales, pero no las crea. Sin embargo, ésta no deja de ser una buena oportunidad para preguntarse si los tiempos modernos no exigen esquemas distintos de regulación, mucho más flexible y adaptable a las circunstancias, menos estática y que prevea al menos la posibilidad de ajustarse o flexibilizarse cuando las circunstancias lo demandan.

Las diferentes medidas que se están tomando en los distintos países representan claras excepciones respecto a la regulación tradicional y sus principios. En este contexto, no nos sorprende encontramos con normas tendientes a limitar derechos que, al menos en el mundo occidental, están plenamente reconocidos, como la libertad y la libre movilidad, por mencionar solo dos, de aquellos que se afectan con las medidas de aislamiento y toque de queda que se están dando en el mundo.

Nos encontramos ante reglas excepcionales, impensadas un par de semanas atrás, tendientes a privilegiar de primera mano, derechos como la vida y la salud pero, mucho más allá de ello, enfocadas a proteger la capacidad de respuesta y sostenibilidad de los sistemas de salud que es, finalmente, el principal desafío derivado de las circunstancias actuales. Si algo se ha demostrado en los últimos días es que no hay un solo país en el mundo con los recursos y la capacidad suficiente para afrontar una pandemia como ésta, sin tomar las medidas necesarias para limitar la rápida expansión del virus.

En forma consecuencial a las medidas que limitan la movilidad y, si se quiere, la libertad de empresa y el acceso al trabajo de millones de personas, cada país está proponiendo disposiciones tendientes a mitigar los efectos económicos de las mismas.

Todo lo anterior tiene sentido y se explica en un entorno convulsionado y complejo que, se entiende, es excepcional y no corresponde a la forma tradicional en la que se desarrolla el mundo. Considerando que las circunstancias actuales cambian todos los días y la velocidad de los hechos supera cualquier antecedente imaginable, es esperable que los gobiernos tengan que seguir acudiendo a medidas extraordinarias, haciendo uso de la creatividad y promoviendo ajustes en la regulación que permitan afrontar los desafíos actuales.

Sin embargo, desde el punto de vista estrictamente regulatorio, resulta relevante preguntarnos cómo todo esto se reflejará en el futuro de la regulación y en la incorporación de nuevos modelos o estándares en los cuerpos normativos de nuestros países.

La crisis actual ha hecho explícito, por si alguien no lo recordaba, que los seres humanos tenemos unas necesidades específicas mínimas y fundamentales y que su satisfacción no es tan compleja, si consideramos los inmensos recursos que el mundo destina al consumo de artículos, experiencias y bienes no esenciales. En todo este contexto, la humanidad se ha visto obligada a voltear su mirada hacia derechos básicos y fundamentales, como el acceso a la salud, a los servicios públicos y a la alimentación. Resulta al menos esperable que, en los tiempos post coronavirus, estos asuntos reclamen con nueva fuerza un lugar en las agendas gubernamentales y en las políticas públicas.

Como gestores de tendencias y riesgos es el momento de, al menos, comenzar a preguntarnos sobre el futuro de la regulación. Hasta hoy hemos afirmado que el racional actual del regulador se fundamentaba en dos supuestos teóricos y consecuenciales: por un lado, que el regulador es cauto y preventivo, con capacidad de respuesta limitada, y, por el otro, la ocurrencia de la crisis financiera mundial de 2008, la cual supuso una aceleración en las nuevas reglas de juego que implicaban mayor intervención y regulación, en todos los sectores económicos, especialmente en el financiero, para evitar la ocurrencia de eventos sistémicos con capacidad de arrastrar la economía global .

Aunque falta mucho por ocurrir, resulta bastante predecible que, lo que hoy está ocurriendo en el planeta, se convertirá en un nuevo ingrediente del pensamiento y el racional de los reguladores. Sin duda lo que acá se aprenda, y también lo que no, marcará el camino de los gobiernos en los próximos años y será un argumento recurrente en la priorización y en la definición de las políticas públicas.

No sería extraño, entonces, que ese nuevo racional del regulador involucre algunos elementos construidos desde nuevos acuerdos respecto a los mínimos comunes que se deben cuidar en cualquier momento y ante cualquier circunstancia, incluyendo pautas o instrumentos que permitan al mundo seguir adelante y afrontar desafíos globales y sistémicos como el actual.

Algo que no es difícil de adivinar es que, cuando superemos todo lo que estamos viviendo, la regulación se verá inmensamente impactada y deberá acompañar el desarrollo de dinámicas sociales diferentes. Como hemos sostenido desde nuestro observatorio de regulación y plasmado en el radar de tendencias regulatorias de Suramericana, a partir del año 2008 los reguladores se transformaron considerando situaciones que erosionaron la confianza de los consumidores en los mercados y en las empresas, surgiendo un panorama intervencionista y exigente en cuanto a la incorporación de estándares prudenciales, tendientes a prevenir la materialización de riesgos sistémicos.

Así como el regulador reaccionó a la crisis financiera de 2008 generando nuevos esquemas y medidas que buscaban corregir la desregulación y la liberalización del sistema financiero que se venía presentando desde finales de los años 80 y principios de los años 90 en países europeos y en Estados Unidos, es esperable que el año 2020 defina nuevos caminos y acentos en la gestión regulatoria.

Seguramente aún no contamos con información suficiente para establecer cuáles serán los caminos que la regulación deberá transitar, pero, sin duda, si observamos con atención, el mundo está hablando y las personas se están enfrentando a nuevas necesidades y preocupaciones que no podremos dejar de estudiar para entender el futuro de la regulación. Como lo afirma el historiador israelí Yuval Noah Harari “las decisiones que tomen los gobiernos y pueblos en las próximas semanas probablemente darán forma al mundo que tendremos en los próximos años. No solo formatearán nuestros sistemas de salud, sino también nuestra economía, la política y la cultura; debemos actuar con presteza y decisión” .

Algunas pistas sobre el futuro de la regulación provendrán de la efectividad con la que los distintos países del planeta, inmersos en distintos modelos políticos y económicos, solventen la crisis. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, considera que, con lo visto hasta ahora, los asiáticos están demostrando ser muchos más efectivos que los occidentales en la contención de la pandemia y parte de su efectividad la asocia con dos elementos que tienen un tratamiento absolutamente diferente en los países asiáticos respecto a la regulación imperante en Europa y América: la privacidad y los datos personales.

En palabras de Byung-Chul Han “para enfrentarse al virus los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital. Sospechan que en el big data podría encerrarse un potencial enorme para defenderse de la pandemia. Se podría decir que en Asia las epidemias no las combaten solo los virólogos y epidemiólogos, sino sobre todo también los informáticos y los especialistas en macrodatos. Un cambio de paradigma del que Europa todavía no se ha enterado. Los apologetas de la vigilancia digital proclamarían que el big data salva vidas humanas”. Al respecto plantea algunos ejemplos como es el caso de los usuarios de trenes a quienes les avisan, vía celular, si han estado sentados cerca a alguna persona que presente, según información captada por su teléfono móvil, una temperatura inusualmente alta.

Los Estados asiáticos están formados bajo un concepto de autoridad muy marcado, que tiene sus origines en elementos culturales y religiosos, y que conlleva a que los ciudadanos acepten, casi sin reparos, la existencia de un Estado intervencionista y controlador. Esto también surge de la confianza en ese Estado. Por el contrario, en Europa y probablemente más en América, los ciudadanos desconfían del Estado y son más abiertos a cuestionar sus decisiones. El modelo occidental parece valorar más conceptos y derechos como la libertad o la privacidad, en su forma más amplia posible, y por ello sus ciudadanos están menos dispuestos a que el Estado controle sus datos y gestione su información.

Ese paradigma entre oriente y occidente podrá, seguramente, estar sobre la mesa en un futuro cuando las discusiones lleven a preguntarnos si, por ejemplo, para preservar la salud general es posible que el Estado utilice información de una persona e, incluso, la haga pública o la comparta. Una cosa es que un Reloj Inteligente le entregue a una persona información sobre sus signos vitales y condiciones de salud, para que éste tome decisiones, y otra que las comunique al Estado o a la comunidad, para que estos decidan como actuar.

Otro asunto que probablemente estará en discusión es el concepto y el alcance de la soberanía. La respuesta generalizada del mundo al coronavirus ha estado marcada por los cierres de fronteras y la limitación o prohibición de acceso de extranjeros a los territorios. Lo cierto es que, en un mundo globalizado e hiperconectado, esta respuesta, aunque lógica y entendible puede representar también cuestionamientos en el futuro. Como lo afirma Yuval Noah Harari “En estos tiempos de crisis, nos enfrentamos a dos decisiones particularmente importantes. La primera, entre la vigilancia totalitaria y el empoderamiento ciudadano. La segunda, entre el aislamiento nacionalista y la solidaridad global” . Es bastante probable que la regulación tenga que redefinir los esquemas de participación y colaboración internacional.

Por otro lado, es esperable que los reguladores deban afrontar decisiones relacionadas con los sistemas de salud, el carácter de estos, sus recursos y la suficiencia de sus capacidades. No hay un solo modelo que no esté viéndose afectado ante la inusual y alarmante posibilidad de verse desbordado por una sola enfermedad que, además, consume los recursos necesarios en el planeta entero. Es bastante lógico que los reguladores deban tomar decisiones que marquen posturas claras respecto al derecho a la salud y a la forma en que el mismo se financia, administra y gestiona en cada uno de los países.

Finalmente, y al menos por ahora, no puede pasarse por alto que la crisis económica derivada de la crisis sanitaria será tan o más impactante como la pandemia misma. Habrá que esperar cifras definitivas, pero, sin duda, el número de empresas afectadas y de empleos perdidos, harán del año 2020 uno de los más grises en la historia económica del planeta. Por ello es indudable que los reguladores tendrán que adoptar decisiones abiertas y creativas que permitan acelerar el proceso de recuperación de las economías y que den oportunidad a nuevos actores, a nuevas ideas y a nuevas formas de hacer las cosas.

Si bien hemos visto hasta hoy un regulador cauto, prevenido, si se quiere algo desconfiado, la nueva realidad nos ha mostrado que el diseño de políticas públicas puede, y debe, estar enfocado a satisfacer el bienestar general, basado en principios como la solidaridad, la cooperación, y la equidad, en términos oportunos, y todo ello protegiendo siempre los distintos grupos de interés. La cooperación, más que internacional, pasará a ser global, y la definición de políticas públicas transnacionales será un reto que deben afrontar los gobiernos, dejando de lado egos soberanos para llegar a puntos de encuentro que permitan afrontar las distintas problemáticas mundiales. Más allá de que se deba, esta situación de pandemia nos demostró que se puede.

Es muy probable que estos sean solo algunos de los desafíos que la regulación estará enfrentando en el futuro. Será desde la observación que debemos identificar nuevas situaciones y estar atentos a las señales que nos indiquen cuales de las tendencias que hasta ahora habíamos identificado en la regulación subsistirán y cuales tendrán que ser replanteadas. Una cosa es cierta, si el mundo no va a ser el mismo después del covid-19, la regulación no será indiferente a este fenómeno y tendrá que ocuparse de nuevas respuestas y nuevos desafíos.

Nota:

  1. Gráfico 1. Resumen situación actual. Evolución Covid – 19. Suramericana S.A.
  2. Coronavirus: ¿qué tan mortal es realmente el covid-19?, https://www.bbc.com/mundo/noticias-51708029, consultado el 23 de marzo de 2020 a las 8:41 p.m.
  3. Radar de Regulación, VP de Asuntos Legales, Suramericana S.A. 2019 / 2020
  4. Ibidem 
  5. Lefebvre. (2019). Estudio de innovación en el sector jurídico. España. Recuperado el 20 de 12 de 2019, de https://estudio-innovacion-2019.lefebvre.es/
  6. Yuval Noah Harari: the world after coronavirus, Financial Times. https://www.ft.com/content/19d90308-6858-11ea-a3c9-1fe6fedcca75 Consultado el 23 de marzo de 2020
  7. La emergencia viral y el mundo de mañana. Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano que piensa desde Berlín. Diario El País. https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html?ssm=whatsapp Consultado el 23 de marzo de 2020.
  8. Yuval Noah Harari: the world after coronavirus, Financial Times. https://www.ft.com/content/19d90308-6858-11ea-a3c9-1fe6fedcca75 Consultado el 23 de marzo de 2020

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