En las dinámicas del comportamiento humano, y contando con nuestra condición de seres racionales, estamos expuestos a sensaciones de incertidumbre, miedo, duda y otras similares sobre aquello que no conocemos; sensaciones que aparecen cuando, por ejemplo, debemos tomar decisiones, nuestro contexto cambia, nos enfrentamos a algo nuevo o sentimos que estamos expuestos a perder algo que consideramos valioso o seguro. Así pues, podríamos decir que estamos en continuo entrenamiento para cuestionarnos sobre qué hacer, cómo adaptarnos y cómo tomar decisiones cuando esto se requiera.

Partiendo de esta descripción, y con una mirada muy macro, podríamos decir que desde la condición propiamente humana estamos preparados para vivir situaciones como las actuales. No quiere decir que sea fácil, pero tenemos elementos para afrontar la incertidumbre y el miedo que genera la pandemia, y las capacidades para adaptarnos a periodos de aislamiento.

Esta pandemia está poniendo a prueba, en un nivel muy exigente, todo lo que somos, nuestra fortaleza, nuestra capacidad de resiliencia, nuestras habilidades para tomar decisiones oportunas y bien tomadas, nuestro comportamiento y los principios que lo soportan. Sin embargo, podríamos caer en el error de pensar que solo los actores con mayor protagonismo, como el Gobierno, el sector salud, el de transporte y la cadena de abastecimiento de los artículos de primera necesidad, son los llamados a superar esta prueba, situándonos en una posición muy cómoda, pasiva o impotente, a aquellos que no pertenecemos a ese grupo de “héroes”. ¿Será esto del todo cierto?

La pandemia va mucho más allá de un aislamiento mientras que otros gestionan la situación o encuentran la cura al virus. Claramente esta reflexión no busca hablar de los roles específicos de los actores de la economía, sino del rol de cada individuo en una sociedad impactada por una situación inesperada. Para lograr superarla es indispensable contar con ciudadanos acostumbrados a practicar valores como la justicia, la solidaridad, la responsabilidad y, sobre todo, valores cívicos.

No hablemos de valores desde una perspectiva moralista pues sabemos que, en tiempos modernos y de incertidumbre, no hay espacio para aquello que pretende decir qué se tiene que hacer desde la rectitud. Retomemos la idea provocadora de reflexionar sobre cómo comportarnos, cómo tomar decisiones y cómo usar los valores en tiempos de pandemia. Hablemos de ética.

La reconocida filósofa Adela Cortina, en su libro Ética mínima, menciona que “La cuestión ética no es de modo inmediato “¿qué debo hacer?”, sino ¿por qué debo?”. La cuestión ética consiste en hacer concebible la moralidad, en tomar conciencia de la racionalidad que hay ya en el obrar”. Interpretemos entonces la ética como aquello que orienta el comportamiento y la toma de decisiones, tomando los valores o principios universales como insumo que los soporta, buscando maximizar el bienestar y la felicidad individual por uno que impacte la sociedad.

Por otro lado, el profesor Félix Lozano, experto en ética empresarial, nos comparte que “Los principios universales son ideas normativas que pretenden validez universal y sirven para enjuiciar las acciones de las personas independientemente de su religión, su costumbre o su ideología”. Tenemos entonces el insumo que nos permite calificar nuestras decisiones o comportamientos, elegidos de manera libre e individual, como buenos o aceptables para una sociedad, cualquiera que ésta sea. El profesor nos recuerda también que “Los valores esenciales de una ética de ciudadanos y de una sociedad pluralista con pretensiones de justicia son: la libertad, la igualdad, la solidaridad, el respeto activo y el diálogo”.

Este es nuestro punto de partida teórico, pero vamos a lo práctico: la realidad en tiempos de pandemia.

La velocidad es una variable protagonista de la pandemia: el virus se propaga a gran velocidad, las decisiones de los gobiernos deben ser inmediatas, el sector salud se prepara tan rápido como puede tratando de evitar el colapso del sistema. La velocidad no nos da mucho tiempo para reflexionar y por esto nuestro comportamiento o toma de decisiones no necesariamente será el más acertado, por el contrario, estará expuesto a la inercia, la influencia de otros, las dinámicas mismas de la pandemia.

Las decisiones rápidas de los gobiernos, en muchos de los casos, se resumen en declarar la pandemia, ordenar la cuarentena o al menos restricciones a la movilidad promoviendo el aislamiento social, y flexibilizar una cantidad de normas estrictas que, en otros tiempos, no cambiarían, sobre todo porque abordan temas “inamovibles” como asuntos laborales, impuestos, pensiones, salud, servicios públicos, entre otros; también se habilita el incremento de los presupuestos para los diferentes planes de trabajo y la entrega de ayudas a los sectores más vulnerables.

Detrás de todo esto, el fraude, la corrupción y el incumplimiento de las normas comienzan a ser los verdugos presentes en las dinámicas sociales y con exposición de contagio a cualquier nivel de la sociedad. Para esto, es importante reconocer que no hay control más efectivo que la exigencia de transparencia, de rendición de cuentas, del cumplimiento de las responsabilidades de los líderes, los actores y la sociedad en general en su ejercicio del deber.

Frente al cumplimiento de las normas, que los gobiernos apliquen flexibilizaciones no quiere decir que aquello que antes cuidaban, ahora ya no se deba cuidar. La situación actual está obligándolos a priorizar asuntos más urgentes, trasladando la responsabilidad de control de aquello que flexibilizan a la sociedad en un ejercicio de autoregulación, que esperan que surja de manera natural, suponiendo que ésta ya entiende las conductas adecuadas y necesarias para su bienestar.

Si ahora nos centramos en analizar, por ejemplo, las responsabilidades que lidera una cadena de abastecimiento, podemos identificar cuáles son, en su caso, los verdugos que los asechan y cómo controlarlos. La pandemia ha traído nuevas necesidades básicas como el uso de tapabocas, los domicilios, la aplicación del alcohol, antibacterial y productos de limpieza en general. La demanda crece con una variable adicional: la urgencia. Los actores de la cadena de abastecimiento pueden identificar situaciones para aumentar sus ganancias, controlar la oferta, especular sobre los precios, falsificar productos, incumplir con los mínimos de calidad, entre otros. Aparecen situaciones de caos, pánico e inequidad en cuanto al acceso. De nuevo el control está en manos de la sociedad como primera línea, a través de la exigencia de transparencia y premiando valores como la justicia, responsabilidad, equidad y solidaridad, los gobiernos por su lado también cuentan con protagonismo ampliando sus estrategias de vigilancia.

Como éstas, existen muchas otras situaciones que podríamos analizar, donde se exponen eventos en los que se puede caer en actuaciones inapropiadas y, como lo hemos expuesto, la exigencia de un comportamiento ético por parte de todos es el camino para mitigarlas.

Para finalizar, quisiera hablar de cooperación como la clave para superar la pandemia. Cooperación entre los gobiernos nacionales y locales para tomar medidas equilibradas, claras y precisas; entre la empresa privada y los gobiernos para generar dinámicas de regulación objetivas; entre los actores del sector salud, para compartir conocimiento, mejores prácticas y avanzar más rápido a una posible solución; en el sector comercial para compartir estrategias de sostenibilidad de los negocios; y, en general, en todos los actores de la sociedad para lograr el mayor nivel de equidad.

Si después de esta reflexión aún tiene dudas sobre cómo ser ético en su comportamiento y toma de decisiones, desde cualquiera que sea su rol en medio de la crisis, aplique los siguientes pasos:
  1. Desde su entendimiento individual y libre del bien y el mal, actúe buscando maximizar el bien, es decir, invierta sus esfuerzos en potenciar las cosas buenas de su decisión.
  2. Soporte su decisión o comportamiento en principios universales. Recuerde que, para una sociedad con pretensiones de justicia, estos son: la libertad, la igualdad, la solidaridad, el respeto activo y el diálogo.
  3. Revise los impactos negativos, propios y de terceros, y ajuste su comportamiento o decisión minimizándolos.

Recuerde que la ética no solo orienta las decisiones y el comportamiento en tiempos de pandemia. Los seres humanos estamos en continuo desafío con nosotros mismos, nuestro contexto y aquello que aún no conocemos.

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